7 audiencia pública del juicio a los er comandantes en jefe
Testimonios cabales y también impresionantes “No ha Jugar” ua LEAL E. Otras preguntas Otro testimonio Un peronista en Atila Dramático relat Largo cautiverio
transcurrir normalmente a pocos me- tros de todo ese horror”, dijo la testigo. “En varios sectores los testigos de la Conadep encontraron las marcas de los tabiques que habían dividido las hapita- ciones en celdas, a pesar de las. modifi- caciones realizadas”, dijo la señora Ruiz Guiñazú. “También se ubicó un sótano donde se torturaba, próximo al salón de actos”, agregó. Asimismo, entre otros lugares -señaló- se determinó la ubicación de uno lamado “capucha” por los cautivos, pues era el lugar donde permanecían en- capuchados aguardando su turno de se- sión de tortura. También se ubicó un lugar donde los detenidos permanecian engrillados. “Era un lugar con presencia. Un lugar de muerte. Yo me encontré de pronto re- zando un responso”, dijo la señora Ruiz Guiñazú. . Juez Arsianian: ¿Encontraron coinci- dencias con los relatos hechos previa- mente por la gente? Testigo Ruiz Guiñazé: Si; era muy im- presionante. Inclusive se manejaban como los ciegos, tanteando las paredes hasta ubicar los lugares donde estuvie- ron siempre con los ojos vendados. . Fiscal Strassera: ¿Cómo fue el recono- cimiento de Coordinación Federal? Ruiz Guiñazú: Allí una de las testigos, cuando reconoció la celda donde fue rei- teradamente violada, se puso a llorar desconsoladamente... - El abogado Jaime Prats Cardona, de- fensor de Massera, intentó indagar so- bre la composición política de la Cona- dep, pero sólo alcanzó a afirmar que el ingeniero Hilario Fernández Long “tiene un hijo que fue integrante de montone- ros”, antes de ser cortado por un seco “no ha lugar” del presidente Arslanian. No obstante, el doctor Prats Cardona perseveró en un intenso interrogatorio de la testigo, preguntándole si no esti- maba que “la Conadep en sus informes y en la película Nunca más se había ex- cedido de las facultades para las que fue designada por el Poder Ejecutivo, for- mulando juicios de valor”. - Ruiz Guiñazú: ¿Es lícito matar? ¿Es lícito torturar? Para mí, ésos son delitos comunes. El juez Arslanian intervino nueva mente para advertir que no debían for- mularse juicios de valor ni en los inte- rrogatorios ni en las respuestas, Prats Cardona intentó hacer una rá- pida serie de preguntas a la testigo, a ninguna de las cuales hizo lugar la presi- dencia del tribunal. Prats Cardona: ¿Sabe la testigo que una de las personas que los guió en su re- conocimiento de la ESMA fue un ex conseripto de alli? Roiz Guiñaz: Sí, fue una cosa terri bie. A ese conseripto le atribuyeron la responsabilidad de una explosión. Hasta lo torturaron intentando que confiese, Y cuando finalmente se estableció que no era el culpable, se lo remitió a comple- tar el resto de su servicio militar. El presidente Arslanian, reformu- lando otra de las preguntas del doctor Prats Cardona, preguntó a la testigo “si la Conadep recibió denuncias de viola- ciones delos derechos humanos ocu- rridas antes de 1976. - “Si, hubo algunas, pero no recuerdo exactamente cuántas”, fue la respuesta. Arslanian: ¿Qué destino se les dio a esas denuncias sobre hechos anteriores a 1976? Ruíz Guiñazú: Exactamente el mismo que a las demás. ... - “Si la película Nunca más” se refirió a la responsabilidad de las cúpulas mili- tares por los hechos ocurridos a partir de 1976, ¿a quién se la atribuye en los hechos anteriores a 19767”, preguntó en- tonces Prats Cardona. “No ha lugar, doctor”, interrumpió el presidente Arslanian. La señora Ruiz Guiñazú intervino di- ciendo que la misión encomendada por el Poder Ejecutivo a la Conadep fue la de investigar las desapariciones e irre- gularidades “a partir de 1976.” No obstante, indicó, también recibió una carta agradeciendo su cooperación de la entidad Familiares de Muertos por la Subversión (FAMUS). _. - Posteriormente. la carta de FAMUS o. leída por Secretaría ante el Tribu- nal. El doctor Miguel angel Buero, defen- sor de Anaya, preguntó a la testigo “si sabía cuándo se hicieron las modifica- ciones en la ESMA”. - “Sugiero que le haga la pregunta ala Marina. Ellos deben tener los datos más precisos”, contestó la señora Ruiz Guiñazú. Buero: ¿Considera que desaparecidos equivale.a fallecidos? . Ruiz Guiñazú: Desoraciadamente no aseguró, sus captores le hablaron de su - familia dando la sensación de conocer detalles de todos sus componentes, La testigo, que era subdelegada gre- mial, aseguró que ese mismo día varias personas entraron en la casa de su sue- gro y que al volver le dijeron que habian llevado hasta el lugar de detención a su hijo para obligarla a hablar. Aseguró que, ya en lo que después re- conocería como la Mansión Seré, “fui atada a una especie de camilla y me in- trodujeron algo en la vagina, que des- pués supe era un bastón del tipo poli- cial”. Interrogada sobre sus compañeros de trabajo, la testigo fue sometida a in- tensos castigos y después introducida en una habitación donde se encontraban otras dos mujeres: una con corsé de yeso (quien había tratado de escapar descol- gándose por la ventana) y otra, que era maestra. “Posteriormente -aseguró- llegó una joven que estaba embara- zada.” También, según sus dichos, fue some- tida a varias sesiones de picana eléc- trica, donde le preguntaban por su com- pañero -también delegado gremial- Adrián García Pagliaro, quien ya había sido secuestrado. La testigo, que fue suspendida en su trabajo dos días después de secuestrada, siendo presidente de la Caja Nacional de Ahorro un señor Walter, de graduación militar, dio un pormenorizado detalle de la Mansión Seré (“Tengo un plano en la cabeza”, dijo), a la que pudo recorrer dado que era obligada a lavar la vajilla, para lo que se le sacaba la venda de los ojos. Afirmó que el 14 de junio de 1977 se le informó que iba a ser dejada en libertad y que una persona a cuyo cargo estaba, después de darla de baja en un cua- derno, la hizo ascender a un auto, efec- tuando un recorrido por, el parque de la mansión. “Posteriormente, me dijo que tenía la orden de matarme, pero que podía sal- varme” si aceptaba mantener con él una relación sexual. Con notoria turbación, pero con fir- meza, la testigo afirmó que el hombre le hizo ver que portaba armas y que ella- aceptó concurrir a un hotel transito- rio... “donde él tuvo su satisfacción sexual”. - “Después subirnos al auto, dijo, y vi el cartel que decía Ituzaingó, unas cuadras más adelante me dejó bajar del auto”. La testigo, posteriormente, efectuó dos reconocimientos (uno espontáneo y otro con la' Conadep) del lugar afir- -mando reconocerlo, pese a su destruc- ción y agregó que una de sus com- pañeras de prisión le aseguró haber visto manteles con insignias de la Fuerza Aérea. con vida... El abogado Enrique Munilla, de la de- fensoría del teniente general Galtieri, preguntó “si la testigo ¿tenía conoci- miento del objetivo final de las organi- zaciones subversivas?”. - “No ha lugar”, dijo el presidente Ars- lanian. . Munilla: ¿Entiende la testigo que la Jucha antisubversiva consistió en una guerra armada. ..? Arslanian: No ha lugar. Munilla: ¿Si la testigo conoce 0 cono- ció algún subversivo? Arslanian: No ha lugar, Munilla: ¿Si las cartas amenazantes que recibió las atribuye a los ex coman- dantes. ..? : . Ruiz Guiñazú: Ye creo que los coman- dantes tendrían cosas más importantes que hacer que escribirme cartas a mí... Ntra testimania Otro testimonio fue el brindado por la abogada Alejandra Tadei, que fue se- cuestrada durante 15 días cuando era una estudiante de 17 años. El hecho se produjo el 13 de octubre de 1977, a las 23, en el domicilio familiar de Sánchez de Bustamante 1742. La testigo dijo que no fue torturada con picana eléctrica, pero sí “manosea- da” en el viaje al lugar de detención en el campo clandestino de la Aeronáutica, conocido como Mansión Seré, en Itu- zaingó. Allí fue cacheteada y golpeada durante los interrogatorios. , Dijo que probablemente fue “señala- da”, aunque no tenía nada que ver en po- lítica, durante las torturas sufridas por Carlos Alberto García, uno de los cuatro detenidos que más tarde lograron fugar de la Mansión Seré, Dijo que García, a quien ni siquiera recordaba, fue llevado a su domicilio para reconocerla cuando la detuvieron. Dijo que tuvo una compañera de cau- tiverio a quien identificó como Patricia Dorrego y vio otras personas detenidas y torturadas. Al cabo de una quincena, sus captores la dejaron en libertad diciéndole que se había comprobado que “no tenía nada A las 18.30, tras el cuarto intermedio, el doctor José María Orgeira fundó oral- mente su escrito de reposición del que se informa por separado, y a continuación pasó a testimoniar Daniel Romano, quien afirmó haber sido privado de su li-- bertad en dos oportunidades. Sostuvo el testigo que en mayo de 1977, personas de civil y armadas éntra- ron violentamente en el domicilio de su familia, en Metán al 3600, llevándose por separado a su hermana Adriana y a él, esposados y con la cabeza tapada. Aseguró haber estado detenido cuatro días en un lugar (al que después se iden- tificaría como la Mansión Seré o Atila). Allí escuchó como su hermana era tortu- rada con electricidad y que ésta pedía que la mataran. En cuanto a los interrogatorios a que fue sometido, sostuvo que se le preguntó sobre las actividades de la Unidad Bá- sica Justicialista a la que concurría desde dos años antes. “En agosto del mismo año volvieron a entrar por la fuerza en casa -dijo- y mi hermana sufrió una crisis de nervios. Estábamos comiendo y viendo televi- sión. Ante la actitud de mi: hermana, cambiaron de tono y nos preguntaron cosas simples, sobre lo que veíamos por televisión, por ejemplo, y se fueron”. En una tercera oportunidad, Romano volvió a ser sacado violentamente de su domicilio, trasladado, con los ojos ven- dados, a lo que sería la Mansión Seré. Aseguró haber sufrido tres sesiones de torturas y que compartió su cautiverio, . que duró ocho días, con Carlos Brid, “una persona que me dijo que era piloto, y con Rafael Helderstein”. Romano fue posteriormente trasla- dado a la comisaría de Haedo, donde pudo ver a su familia y luego a la Uni- dad 9, de La Plata. Afirmó que entre otras gestiones, su padre logró entrevis- tarse con monseñor Graselli.y con el bri- gadier Santuccione, El testigo fue intensamente repregun- tado por los doctores Garona y Rodrí- guez Palma. A continuación, y a través de un relato con tramos estremecedores, Carmen Graciela Fioriani narró su paso por la Mansión Seré y su posterior aberrante liberación. “La testigo fue secuestrada al salir de su trabajo (la Caja Nacional de Ahorro) por dos personas el 2 de junio de 1976. Obligada a ascender a un anto, se le dijo que estaba detenida porque trabajaba como empleada doméstica de una casa en la que había desaparecido una joya. Según su relato, la señora Floriani fue trasladada, con los ojos vendados, du- rante unas dos horas. Mientras tanto. MATAD E e TA Y a 2.” El siguiente testigo fue Alberto Car- melo Garritano, quien permaneció dete- nido desde el 17 de enero de 1978 hasta el 28 de diciembre del mismo año. Ga- rritano fue secuestrado a las 23.15 del día indicado de su domicilio de Boedo 669, de la Capital Federal, por civiles armados que lo condujeron, esposado y con los ojos vendados, a un lugar que posteriormente reconoció como la deno- minada Mansión Seré, que estaba con- trolada por la Fuerza Aérea, según dijo. El testigo indicó que fue golpeado y torturado con picana eléctrica, y que los interrogatorios giraron acerca de su ac- tividad política en la Caja Nacional de Ahorro, donde trabajaba. Asimismo, afirmó que fue sometido a simulacros de fusilamiento, y que en ese lugar se en- contró con compañeros de trabajo que también habían sido secuestrados, entre ellos, Daniel Enrique Rosomano. Garritano manifestó que, entre los distintos padecimientos a que fue some- tido, figuraron varios períodos sin inge- rir alimentos, algunos de hasta siete días seguidos, en que permaneció atado en forma permanente. El 31 de marzo de 1978 fue trasladado a otro lugar, que luego identifcó como la comisaría de Haedo, donde ingirió “cuatro comidas en cuatro semanas”, según dijo. Asimismo, sostuvo que fue llevado al Regimiento 1 de Palermo, donde se lo sometió a un consejo de guerra, y re- cordó los nombres de los oficiales Anto- nio Luis Bijasta, de la Fuerza Aérea, quien actuó como fiscal, y de Francisco Alvarez, de la Armada, quien actuó como defensor de oficio. Garritano in- dicó que el 26 de diciembre de 1978 fue trasladado nuevamente al Regimiento 1, donde se le notificó que el consejo de guerra habia dictado sobreseimiento provisional, y dos días después recuperó su libertad. : A las 22, luego de un cuarto interme- dio, comenzó a declarar Daniel Enrique Rosomano, cuyo testimonio continuaba al cierre de esta edición.