Ese difícil problema del punto final

TT A DE AR ANA AVIALLEA RIOS ADE ERSIVZ EARACR Y autobiografía de mucho éxito llamada “Con un por- venir a las espaldas”, títúlo que en nuestro ajetreado siglo XX suena como uña humorada, una simpática pa- radoja, un golpe de ingenio. . Si hubieran leído el mismo título Julio César, Cicerón o Tito Livio, la reacción habría sido muy distinta. A todos ellos la frase les habría parecido, no una feliz ocurren-- cia, sino una grosera obviedad. Ocurrre que entre las muchísimas cosas que han cambiado en los dos milenios transcurridos desde la Roma de los Césares, figura la concepción del tiempo, el modo de vivir su transcurso. . Nosotros, criaturas de una cultura fáustica y futurista, vivimos marchando hacia el futuro. El acento de nues- tras vidas está puesto en el porvenir. Cuando traducimos especialmente nuestra vivencia del tiempo, decimos naturalmente y sin el menor esfuerzo de imaginación, que el futuro está delante de nosotros yel pasado detrás. En los antiguos romanos, esta traducción espacial del tiempo situaba al pasado delante de ellos y el futuro a sus espaldas. Eran hombres que vivían de cara a lo que habían sido y de espaldas a lo que habrían de ser. In- creíblemente, construyeron un enorme imperio a partir - de una vida que, siendo más memoria que proyecto, retrocedía hacia el porvenir. ¿Cómo viven el tiempo los argentinos? Lo intuyen, sin : duda, como los demás seres humanos de nuestro siglo, “pero sus compromisos emocionales con él reproducen de algún modo el viejo pasatismo romano. “En un pueblo casi ñeuróticamente futurista como el - de los Estados Unidos, la disponibilidad para el porvenir trae consigo cierta aptitud para despegarse emocional- mente del pasado. Los norteamericanos padecieron una ¡ tremenda, traumática guerra eivíl y, sin embargo, la han asimilado, digerido y expulsado del cuerpo viviente que es hoy Estados Unidos, donde se la encara hoy poco menos que como una cuestión académica. f En cambio Ja Argentina, este extraño país donde. : Gardel “canta cada día mejor” cincuenta años después ! de su muerte y donde se sigue votando por Perón diez ¡años después de la suya, todavía no ha terminado de - librar su batalla de Caseros. ¿Durante cuántos años más seguirá librando la “guerra sucia”? La pregunta es peligrosa, pero urgente. El futuro es hoy Í para la Argentina, más que en cualquier otro momento ¡ de su historia, un tremendo problema por resolver. El ¡ país nunca ha necesitado tanto como hoy vivir de cara a ; Él, mantener en disponibilidad sus aptitudes, emociones y energías para construirlo. ¿No es peligroso que este desafío lo pesque detenido en el hábito de rumiar su f pasado?. Los simpatizantes del Proceso están formulando hoy f interrogantes similares como parte de una campaña diri- gida a lograr la amnistía para los grandes responsables de la tragedia que vivió el país en los últimos años. Pero i la pregunta, aquí, no apunta en esa dirección. El juicio a los ex comandantes es necesario, y es im- ¡ prescindible además su irreversibilidad, no sólo como ¡ una respuesta-moral a la ofensa sufrida por el país sino ; también como paso insoslayable para deglutir y digerir i un pasado traumático que de otro modo seguiría absor- ¡ biendo energías argentinas, esterilizándolas para la : gran batalla del futuro. : : Pero la urgencia de digerir el pasado se vería, no ya “satisfecha sino obstruida, si al margen de este juicio envolviera al país un furor punitivo ansioso por hurgar en ! " todos los recovecos de la institución militar, Esto signi- : ficaría una década de inmovilidad nacional en torno del mismo drama. : La Argentina no puede permitirse, hoy, este empan- . tanamiento emocional en una tragedia pasada. “ La exigencia de un punto final que libere energías y disponibilidades nacionales para el futuro, sin embargo, debe plantearse necesariamente en dos direcciones. La superación del problemano puede depender sólo de que se repliegue el furor punitivo. Es imprescindible además una reflexión enel otro extremo. Aquel pasado tiene que ser revisado y reprocesado también por las Fuerzas Ar- madas. - Una cerrada insistencia de éstas en reivindicarlo, en exaltarlo, en reprimir dentro de sí misma todo impulso a revisarlo y a disociarse de él, sólo puede confluir simé- tricamente con el furor punitivo para dar permanencia al drama y paralizar al país en su torno. La necesaria liberación de energías argentinas parael orvenir exige un vasto gesto nacional de humildad. No Dyede haber reconciliación con revisiones de un lado y nodel otro. El país necesita; es cierto, una extinción del ánimo punitorio, pero será muy difícil lograrlo sin una correlativa extinción del montaje espiritual que desen- eadenólas conductas punibles. El punto final no es tarea unilateral de nadie sino un Aia maes neiaa Al ok AA E . -