Thelma Jara de Cabezas contó cómo la obligaron a hacer una nota en Para Ti :

:. La acción psicológica que se efectuó a través de una detenida

“THELMA Dorothy Jara de Ca- bezas, viuda de 58 años y : asistente dental explicó ayer ante la Cámara Federal cómo fue conducida en varias opotunida- des a Montevideo en 1979 por oficiales de la Escuela de Mecá- nica de la Armada en un intento por demostrar que se encontraba allí por su propia voluntad y no se hallaba en condición de desapa- recida. También describió las circunstancias en que fue entre- vistada -en dos oportunidades por periodistas de la revista “Para Tí”, de la Editorial Atlán- tida -en reportajes amañados porsus presuntos secuestradores. Mientras un prescindible poli- cía de guardis en la imponente sala de sesiones del Tribunal : se roía las uñas y hojeaba ruidosa- mente un periódico, la señora de Cabezas inició a las 15.20 en punto su exposición que se pro-- longó a lo largo de algo más de dos horas. Vestía una blusa blanca, una pollera celeste y un saquito de lana azul. Una cartera marrón pendía de su hombro, y la aposentó sobre las faldas mien- tras respondía a las preguntas que le formularon sucesivamente el presidente del Tribunal, Gui- Hermo Ledesma, primero; y luego las de la fiscalía, Gabriel Moreno Ocampo y Julio Strassera; y de los defensores Fernando Goldara- cena (Omar Graffiña) y Miguel Angel Buero (Jorge Anaya). La testigo, se mantuvo serena, con respuestas precisas, sin ma- yores dubitaciones durante casi tode el testimonio; pero ya en la última parte, casi al final, algunos de los presentes alcanzaron a escuchar por los amplificadores conectados a su micrófono, que le susurraba al secretario del Tri- bunal, Juan Carlos. López, sen- tado a su lado: "Se me va la pre- sión” (Ver recuadro). . La testigo relató que el 10 de mayo de :1976 su hijo Gustavo Abel, de 17 años, estudiante se- cundario fue detenido en horas de la mañana, en Martínez, en un colectivo de la línea 314, por personal militar. Y desde enton- ces no tuvo más noticias de él. “Gustavo Abel acompañaba en ese momento a una amiga de la que sólo brindó el sobrenombre de “Titi”, la que al realizarse el operativo de seguridad echó a correr y fue abatida a tiros. Los sucesos los eonoció a través de terceros y aparentemente ori- ginados en un conscripto -ex compañero de estudios del mu- chacho- que participó de la de- tención y que le avisó a través de unos vecinos. Negó que el hijo ola amiga tuvieran actividad política, pero aceptó que él se consideraba peronista; y confirmó haber ini- ciado procedimientos judiciales en San Martín en procura de saber su paradero. También rea- lizó gestiones ante autoridades militares que precisó, todas con resultados negativos. En estas tareas se vinculó ala Liga Argen- tina por los Derechos del Hombre donde conoció a otras madres en igual situación y con ellas cons- tituyeron la Comisión de Fami- liares de Detenidos - Desapa- recidos, donde ocupó el cargo de secretaria de Organización. Entre enero y marzo de 1979 viajó con estas madres primero a Puebla, México, donde estaban reunidos los obispos latinoame- ricanos; y luego a Madrid y a Roma. A la capital española para conectarse infructuosamente con el Consejo Mundial de Iglesias: y altalia, para lograr una audiencia papal que no se concretó porque Juan Pablo II viajaba precisa- mente en esa época a México. De regreso se dedicó a asistir a su esposo, gravemente enfermo de cáncer e internado en cel hospital Español. - Al salir una noche de allí, el 30 de abril de 1979, y mientras es- peraba el colectivo en Moreno y La Rioja para regresar a su do- micilio en Caballito, fue introdu- eida sorpresivamente en un auto color blanco, dentro del cual via- jaban cuatro hombres, uno de los cuales había salido tras de ella del hospital. Fue arrojada al piso del vehículo, esposada y enca- puchada que no la interrogaron y calculó que en esa situación via- jaron por término aproximado de media hora. Hasta llegar a lo que consideró desde ese momento y luego confirmó se trataba de una dependencia de la Escuela. de Mecánica de la Armada. La señora de Cabezas describió el lugar en que se encontraba (“La huevera”, porque las paredes es- taban recubiertas por las cajas en que habitualmente se venden huevos en el comercio) y dijo que allí fue torturada, desnuda, con picana eléctrica. Fue torturada dos veces. La primera hasta que aceptó pertenecer a una organi- zación subversiva y proporcionó un número de teléfono falso en el que hacía contacto con un hom- bre morocho, de campera azul. Permaneció entonces 24 horas sin comer ni beber y al primer detenido que conoció entonces fue al que estaba engrillado a su - lado, Osmar Lecumberry.- Al día siguiente la condujeron de nuevo a la sala de tortura porque los secuestradores habían descu- bierto su engaño. Uno de ellos, el .que luego identificó como Ri- cardo Espejaime, en tono de re- proche y con olor'a vino le dijo: “Señora, yo mato”. Y la sesión terminó, 5 a 6 horas después cuando aceptó haber mentido para salvar la vida, y escribió di- versas cartas expresando arre- pentimiento. Instada a precisar la filiación de sus guardianes y secuestra- dores, sólo aportó nombres o so- brenombres: Marcelo, Juan, Da- niel, Abdala. Al que designó como Juan, con el grado de “Cabo”, que fue la persona que en mayo de ese año la convocó “para charlar” y para comunicarle que ingresaba a “un proceso de recuperación”. A partir de entonces trabajó en “la pecera” (que describió en coincidencias con testimonios anteriores, en general) en tareas administrativas: confeccionar tarjetas con títulos de artículos periodísticos que le proporcio- haba otro prisionero. Invitada a dar nombres o apodos de otras personas en su misma situación proporcionó, entre otros, los si- guientes: Topo, Cachito, Mogo, “Mario, el arquitecto Roberto Ramos, el abogado Osvaldo Costa, Alejandro Firpo y su esposa Betty, Lucía León, Víctor al que Hamaban “caballo loco”, Pablo Epíscopo, Susana de Barros y su esposo Osvaldo. Entre las perso- nas que mencionó como muertos en el lugar nombró a Josefina y Raimundo Villaflor y a José Hazan. . El momento más tenso del tes- timonio se produjo cuando relató . los pormenores de dos entrevistas que mantuvo con periodistas de la revista “Para TÍ”, la primera vez “una muchacha” en un lugar que “parecía una oficina aban- donada” y otra en una confitería de Figueroa Alcorta y Pampa; y en Montevideo con dos periodis- tas norteamericanos. Entrevistas todas ellas preparadas por sus captores y a las que concurrió con instrucciones precisas de mani- festar arrepentimiento, no estar detenida sino “protegida” por las fuerzas armadas, y expresar con- vicciones contrarias a las activi- dades de las organizaciones que luchaban por los derechos hu- manos. : De los dos reportajes que men- cionó, se le proporcionó fotoco- pia, enviados a la Cámara Fede- ral por la Editorial Atlántida y correspondiente a una nota que apareció en la revista Para Tí el 23 de agosto de 1979, con la firma de Américo Cerritti. La testigo hizo una negación terminante: las declaraciones que allí se le atri- buyen no se correspondían con las que había hecho en Figueroa Alcorta y Pampa, ni en Montevi- deo, siguiendo las instrucciones de sus secuestradores, y que fue- : ron grabadas. - Al Uruguay viajó acompañado por “Marcelo” y un fotógrafo de apodo “Hormiga”, con documen- / tación falsa proporcionada en ESMA a nombre de Magdalena Manuela Blanco, en un avión ha- bitual de Acrolíneas Argentinas, desde el Aeropuerto de Carrasco. En Montevideo se le sacaron fo- tografías junto al monumento a Artigas y en Pocitos, y allí se ve con dos presuntos periodistas ' procedentes de Nueva York, con los que dialoga a través de un in- térprete ya que desconoce el in- glés. En el Uruguay fueron espera- dos por un presunto oficial del Servicio de Inteligencia Naval uruguayo y por otra persona que se hacía llamar Víctor Carrasco, y que asumió el rol de su protector en Montevideo ante los periodis- tas extranjeros. . En respuestas a las preguntas formuladas por la Fiscalía y los defensores, la señora de Cabezas confirmó baber conocido durante su cautiverio a Carlos Muñóz, a Fernando Giadstein.a Nora Irene Wolsom. como prisióneros; y- circunstancialmente. en México, - a María Antonia Berger, En cam- bio negó saber nada acerca del escritor Rodolfo Walsh ni haber conocido nunca a Mario Firme- nieh, ni a ninguna persona de apellido Vaca Narvaja y Obregón Cano, “salvo por los diarios”, - acotó. , : Los defensores tuvieron parti 1 cularinterés en conocer el origen de los fondos con que pagó sus viajes al exterior. así como domi-- cilios y teléfonos de personas ra- ' dicadas en México, entre ellos el de otro de sus hijos. La testigo precisó que su sobrina hija de una hermana Norma Cristina y su esposo Héctor Piccini, a-los que vio en prisión, fueron dete- - nidos para presionarla a fin de que efectuara las tarcas de si- mulación que efectuó: - El abogado Buero también quiso saber si la testigo conocía que en la época que visitó Roma se realizaba allí una reunión del Movimiento Peronista Monto- nero, a lo que ella respondió ne- gativamente, al igual que si co- nocía la militancia montonera e Carlos Basterra y Carlos Muño Cuando el Tribunal pasó. cuarto intermedio, el policía a guardia ya no hojeaba ruidosa mente el periódico, pero inte: mitentemente continuaba mor: diéndose las uñas. Da . “ . 4

Epígrafe

La señora Jara de Cabezas, al retirarse ayer de los tribunales,