Testimonio sobre el cautiverio de la enfermera Gladys Cuervo Por Héctor AM For Héctor AN Exclusivo de La Razór

La enfermera Gladys Cuervo fue tor- turada por una persona de apellido Consignola, en los fondos del Hospi- tal Posadas. Dijo que de allí fue libe- rada por efectivos de la Fuerza Aérea. Por Héctor AM

METIDA en un placard, atada de pies y manos y con- traída por la tortura que había pádecido, la en- fermera Gludys Cuervo logró bajarse la venda de los ojos y vio tiradas en el piso unas tarjetitas con la ins- cripción: “Felices Fiestas, euerpo de voluntarias del Hospital Posadas.” Entonces no le quedaron dudas de que estaba secuestrada en su propio lugar de trabajo, donde había sido detenida el 25 de noviembre de 1976 por un grupo paramilitar que actuaba én ese nosoco- mio, al que Hamaban “Swat”. Esos hombres la sacaron una noche del placard, y desnuda como estaba, la arrastraron hasta una habi- tación, en la que vio a los médicos Jorge Roitman y Jaqueline Romano, también desnudos y sangrantes. Ella sobrevivió, los dos médicos que también traba- jaban en el Posadas, aún siguen desaparecidos. Gladys Cuervo declaró ayer ante la Cámara Federal y alo largo de su testimonio, conmovió al público que colmó la sala de audiencias en la última jornada de las. sesiones indagatorias, con los detalles del cautiverio que padeció hasta el 22 de enero de 1977, sin cargo .ni proceso alguno: Entre otras cosas, contó que a causa de la tortura debió hacerse dosoperaciones de cirugía plástica en el cuello. No fue esa la única secuela. También sufrió la fractura de varias costillas, el esternón, y el hundi- miento de tórax, lesiones que aún le provocan com- plicaciones respiratorias. Cuando el presidente de la audiencia, Jorge Valera Ardoz, le preguntó cómo habían logrado hundirle el tórax, la testigo respondió entre sollozos: “Trompa- das”. . Su cautiverio comenzó luego de haber recibido un llamado del interventor del hospital durante el primer tramo del gobierno militar, el coronel Ricardo Estévez, quien ayer se excusó de concurrir a declarar, “por encontrarse enfermo.” Al llegar a la antesala de su despacho, fue tomada por atrás, por un individuo al que reconoció como Juan Consignola. Luego la Hevaron a una habitación, donde comenzaron a golpearla sobre una mesa, en los pechos y en el pubis, “Esto es sólo el comienzo”, le dijeron. “Me quemaban con cigarrillos y me prendieron fuego los vellos del pubis”, dijo. Recordó haber oído los quejidos de Jorge Roitman y agregó que una vez, un guardia le permitió verlo. El hombre deliraba en un mar de sangre y orina. “¿Qué le hicieron?”, le preguntó al guardia. “Le metieron un palo en el e...” fue la res- puesta. Después contó que el tal Consignola le reprochó haberle contado a Rodolfo Mórcolini, el jefe de man- tenimiento del hospital “que yo te amenazaba”. Mor- colini, declaró ayer ante la Cámara, y negó saber de las torturas y detenciones que se hacían en el hospital. Más adelante, narTó que unas personas, que dijeron ser militares, se preocuparon por su estado. Ante sus ruegos, la sacaron de aquel lugar a espaldas del grupo Swat, “porque Consignolame iba a matar”. Estos militares, que por algunos indicios que tuvo, dijo suponer que pertenecían a la Fuerza Aérea, la escondieron en una casa en construcción. En esa casa, Gladys Cuervo dijo haber sido bien atendida y salió en libertad el 22 de enero de 1977. Después, ante preguntas del fiscal Julio Strassera y del doctor Valerga Araoz, dijo que otros hombres del grupo Swat, eran Raúl Tévez, Un tal. Muiño, que éstos “ eran comandados por otro de apellido Nicastro y que los reconoció en fotos que Je mostraron en la CONA- DEP.