”Eultoría, enerd a dolor y esperanza, en un día muy largo, víspera de Primavera, en Plaza de Mayo

Aun cuando la entidad Madres de Plaza de Mayo no adhirió oficialmente a los actos de la "víspera frente a la Casa de Gobierno, muchas de sus integrantes manifestaron con sus pañuelos blancos en apoyo de la obra de investigación realizada por la Comisión Sábato bién. Es jueves, 20 de se- tiembre de 1984. Es jueves aquí y en toda la República. Aquí es la Plaza de Mayo. Enfrente está la Casa Ro- sada, la casa donde ultima- mente se gobierna por vo- luntad del albedrío. Hoy, a eso de las siete de la tarde, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Perso- nas, Conadep, más conocida como la Comisión Sábato, pondrá en las manos del presidente Raúl Alfonsín el are sobre la represión militar elaborado luego de nueve meses de investiga- ción: más de 8.700 casos, más de 50 mil folios, más de 1.300 integrantes de las Fuerzas Armadas y de se- guridad involucrados. Hora 12: La plaza es la Plaza de Mayo de todos los días. Gente que va y viene, apurada. Ningún signo de lo que vendrá, salvo varias escrituras en aerosol, en los cuatro costados de la Pirá- mide de Mayo. Las escritu- ras dicen: “Fuera los im- berbes de la plaza”, “Abue- las: están locas”, “Sábato, hijo de ..” El insulto es ala parte materna del novelista. Las pintan están firmadas por la JP. Más de un tran- seunte se para, lee y duda sobre el origen de la pin- tada. Hora 13.07:. Seis grana- deros, encabezados por otro más, atraviesan la plaza. En los bordes de las fuentes, ofícinistas y algún jubilado se dejan lamer por el sol. Algunos desenfundan el almuerzo. Una muchacha se ha dormido. El pelo le cae sobre el rostro. Sobre un banco, un hombre, de unos 60 años, le da de comer a las palomas. Las palomas prac- ticamente lo cubren. El hombre mete maíz en su boca y mientras entreabre los labios las palomas se lo picotean. Y comen de allí. Un espectáculo que muchos se detienen a mirar. Horá 13.50: Frente a 14 pirámide, un joven con chomba roja y boina blanca, con la cara maquillada de blanco, ofrece un espectácu- lo de mímica. En el en- treacto cada cuál deja o no deja su dinero en la gorra. Hay aplausos. Hay un hombre de edad que dice en voz baja, pero para que lo escuchen: “¡Ay, mi Dios, pobre país! ¡Cuántos pillos, cuántos sinvergienzas!” Un joven de unos veinte años le contesta amablemente: “Qué mal hace... hace teatro, no porta armas...” El hombre de edad se empieza a ir y en voz más alta le retruca: “Aquí lo que hace falta es un Franco y un Mussolini jun- tos”. El joven, sin perder la sonrisa, le dice: “Paz, abuelo, paz... Aunque no estaría mal juntar a esos que usted nombra: seguro que entre ellos se borrarían del mapa”. Cuando el mimo se va, la gente continúa sus rumbos. El hombre que le da de comer a las palomas ya no está. Tal vez se fue porque el mimo le quitó el núhlión Tan hiega a él Horá 13.50: Frente a 14 pirámide, un joven con chomba roja y boina blanca, con la cara maquillada de blanco, ofrece un espectácu- lo de mímica. En el en- treacto cada cuál deja o no deja su dinero en la gorra. Hay aplausos. Hay un hombre de edad que dice en voz baja, pero para que lo escuchen: “¡Ay, mi Dios, pobre país! ¡Cuántos pillos, cuántos sinvergienzas!” Un joven de unos veinte años le contesta amablemente: “Qué mal hace... hace teatro, no porta armas...” El hombre de edad se empieza a ir y en voz más alta le retruca: “Aquí lo que hace falta es un Franco y un Mussolini jun- tos”. El joven, sin perder la sonrisa, le dice: “Paz, abuelo, paz... Aunque no estaría mal juntar a esos que usted nombra: seguro que entre ellos se borrarían del mapa”. Cuando el mimo se va, la gente continúa sus rumbos. El hombre que le da de comer a las palomas ya no está. Tal vez se fue porque el mimo le quitó el público. Tan luego a él... Hora 14.10: Dócil está la plaza. Es como si en medio hay todavía el menor indicio de lo que pasará a la tarde. Un señor japonés de traje, impecable, come una man- zana, una manzana del ta- maño de una manzana, no una manzana en miniatura, como podría suponerse... Hora 14.55: Otro cambio de guardia. Un grupo de seis granaderos viene desde la Casa de Gobierno. Una mujer comenta: “¡Qué chi- quito es el que va adelante!” Un cuidador barre. No sabe lo que le espera. Es un de- sinformado, o un inocente. Hora 15.05: “...tigo a los culpables”. El viento trae palabras que se llevó del autoparlante que está a unas dos cuadras, sobre Florida y avenida de Mayo. Liegan las primeras Madres, con sus pañuelos. En quince minutos, sobre una de las fuentes, el grupo se agranda. Decenas de cabezas con pañuelos blancos. Entre tantas, una sentada, en si- lencio, mira y mira una baldosa. En su mano dere- cha sostiene un cartelito rudimentario en el que hay una foto ya desteñida y un nombre: José Valeriano Quiroga. No llora la mujer, ni dice nada. Uno al verla se pregunta: ¿quién fue, quién es José Valeriano Quiroga? Alguien que desapareció un día de 1976. Y, antes que eso, alguien que nació para vivir. Y que no está, no hay caso, no está... Hora 15.10: Llega Hebe de Bonafini. La abrazan, la besan. Muy cerca de las Madres hay grupos de gente que discute con vehemen- cia. Un hombre mayor grita con el rostro enrojecido: “Qué me vienen con este Al- fonstn: él dice una cosa y los ministros hacen otra... ¿Y a quién le gano? Si cuando estaba vivo Balbín no ganó una sola interna...” Su mo- : nólogo prosigue: “Esto así no va, así no va: a MÍ NO ME van a contar la historia, la historia de la viví..., aquí con el pueblo no pasa nada”. Una voz se le cruza: “¡Cómo que no pasa nada!” “Sí, señor, no pasa nada... A pa- tadas lo sacaron a Illia. ¡Y no pasó nada! Y yo estaba cuando lo sacaron a Yrigo- yen: si al viejo no lo detie- nen, el pueblo, el mismo pueblo que tiró sus muebles por la ventana lo tiraba a él por la ventana... Quien le salvó la vida a Y rigoyen fue un zapatero, que se llamaba Scarletto, el resto lo dejó solo... Martínez, el abuelo del que ahora es vicepresidente, se mandó a mudar a Cór- doba y lo abandonó a Yri- goyen... Claro, después que murió todos nos hincamos frente a él... eso es lo que somos”. Más Madres llegan. Ya se ha desplegado un gran car- tel que dice “Castigo a los culpables”. Hora 15.20: Los grupos de discusión se multiplican. Se discute con todo: contra el gobierno, contra la oposi- ción. El nudo de la discusión está en que hay que hacer justicia con los militares represores, pero, “¿y cómo ponerle los cascabeles al gato, si los ratones están dé- biles, si, encima, los Tutones no se juntan y el gato está ui YU ULT VADLSU a US culpabies”. Hora 15.20: Los grupos de discusión se multiplican. Se discute con todo: contra el gobierno, contra la oposi- ción. El nudo de la discusión está en que hay que hacer justicia con los militares represores, pero, “¿y cómo ponerle los cascabeles al yato, si los ratones están dé- miles, si, encima, los ratones no se juntan y el gato está UVEIe YUTUA y VUTU J Wrvu Doro cortar?”. - Entre los gymipos que discuten, que Hablan al- ternativamente jsobre “la lentitud e ineficacia del gobierno” o “lagsabia pru- dencia con la que está ma- nejando el más fielicado de los problemas Ieredados”, entre los grupos que discu- ten oímos este diálogo: “Bueno, usted se queja y no para de quejarse: ¿qué solu- ción tiene para darnos?”. El señalado, sin titubear, res- ponde: “St señor: Yo tengo la solución. Demo la Presi dencia. En 24 horas pongo una ley que diga que todo militar que saque un solo soldado a la calle, es un meter en cana a los represo- res”. Hora: 15.55: La ronda sigue. El bombo. Otro estri- billo. “Olé olú olá, vamos a la plaza, vamos a luchar a los asesinos, hay que encar celar”. Una mujer joven pega un grito: “Pagablooo Pablo está pisando el can- tero de las flores. Pablo tiene unos tres años. Siguen las discusiones sobre si, liegado el momento, el pueblo se jugaría o se que- daría en casa. Alguien dice: “El pueblo está aquí, ¡qué más quiere!” Otro contesta: “De qué pueblo me habla, ¡si evalúan “el grado de adhe- sión que tuvo la falta de adhesión de las Madres ala convocatoria”. En gencral se considera que cuantita- tivamente fue escasa. Al- guien que reparte hojas de la Agrupación de Prensa Rodolfo Walch lee: “..esta agrupación advierte contra la división entre sectores populares... pese a la pre- sencia amenazadora de un enemigo común. Sin esa unidad todo será ilusiones sin substancia. Aprendamos la lección de la experiencia terrible cuya denuncia hoy nos congrega”. e Hora 18.30: Desde el Nnoresa desandamas el Evangélica de Teología, Humanismo y Liberación, Unidad Peronista, Acción y Recuperación Bancaria, Ferroportuarios. Palmas y estribillo: “ Alfonsín / vos sos presidente / hacé que los milicos / nos devuelvan traidor a lá Patria; que de teniente para abajo no puede salir nadie a la calle; que de teniente para arriba si quieren que hagan lo que les de la gana, pero solos, poniendo el pecho solos...”. Y viene la réplica: “Y dt- game, señor Presidente Ideal, digame: ¿cómo hace para hacer cumplir su di- chosa ley?”. Y viene la con- testación sin parpadear: “Usted las quiere todas. Yo le doy la solución. ¿Cómo se logra aplicar la solución? ¡qué se yo! ¡Usted las quiere todas! Yo no soy mago... Hora 15.35:; Aplausos. Otro gran cartel se des- pliega. Es un cartel con las fotos de numerosos milita- res. Sobre ellos un texto dice: “BUSCADOS POR ASESINOS”. Empieza la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. Una de ellas se acerca al cartel y dice: “¿A ver? Les quiero ver las caras”. La madre que va al lado se tapa los ojos y dice: “Nono, yo nolos puedo ver”. Hora: 15.45: La ronda sigue. Bombo y más gente del Partido Obrero se han agregado. Llegan Zamora y Néstor Vicente. Dante Gullo fuma y observa. Bombo y estribillo: “No hubo excesos, no hubo errores, hay que PLUILLU DE HULLU WIC AI 4 TIN sairazo!” Hora 1623: Un discurso. La ronda termina. Las Ma- dres abandonan Plaza de Mayo, concretan su no apoyo a la convocatoria. En co- lumna -que según algunos reune unas 800 personas y según otros más de 1.500, se dirigen a la sede que tienen cerca del Congreso. “Con vida los llevaron. Con vida los queremos...” Hora 16.40: Frente a la sede las Madres se descon- centran. Ultimo estribillo: “No hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos, los milicos del proceso”. Tres madres observan el cartel con los retratos. Una se va encima y le da un golpe con el diario a un rostro que tiene este nombre: Capellán Sosa. Otra madre, a medida que pasa revistas alascaras, lanza un adjetivo. Va di- ciendo sucesivamente: bui- tre, cínico, etc., etc., Cuando liega al recuadro de Lu- ciano Benjamín Menéndez pregunta en voz muy alta y se responde sobre el pucho: “cAdivinen cara de qué tiene Menéndez? Tiena cara de... Menéndez” Hora 17.50: No hay mayor actividad cerca del Con- greso. Pequeños grupos Mayo. En media hora, en cuarenta minutos, la gente y los carteles brotan de todos lados. Grupos del Partido Obrero que acompañaron a las madres, se reincorporan a la convocatoria de ahora. Caminamos. Dentro de la multitud que va creciendo . se observan más grupos, grupos de discusión. Algu- nos aprueban la deserción de las Madres. Se argu- menta: “Hay que estar en sus pellejos. Para ellas la pesadilla sigue...” Una mujer con un chico sobre sus hombros dice: “Estaré siempre a su lado. Pero la Bonafini debiera recapaci- tar. Ha cometido el error de aislarse. El error lo deben estar festajando a esta hora esos señores que llevan re- tratados en el cartel. Porque la única fuerza de los que no tenemos armas es la unidad. Y la estamos perdiendo”. Hora 18.50: Por Avenida de Mayo, por Rivadavia, por las dos Diagonales vienen columnas. Los primeros grupos son de Familiares de Desaparecidos. Los pañue- los blancos que identifican a las Abuelas de Plaza de Mayo tienen tras de sí una columna que aumenta en minutos. Los sucesivos car- Hora 18.50: Por Avenida de Mayo, por Rivadavia, por las dos Diagonales vienen columnas. Los primeros grupos son de Familiares de Desaparecidos. Los pañue- los blancos que identifican a las Abuelas de Plaza de Mayo tienen tras de sí una columna que aumenta en minutos. Los sucesivos car- telones dicen: Facultad estribillo: “Attonstn vos sos presidente / hacé que los milicos / nos devuelvan nuestra gente”. Hora 19.01: La plaza ya está casi cubierta. Gran re- vuelo. En un Falcon blanco, patente 196.217, llega Er- nesto Sábato a la Casa Ro- sada. Avalancha. Aplausos. “Gracias, Sábato”. Por la derecha de la plaza una gruesa columna de FTOE- TRA, Sindicato Telefónico, avanza. Una voz con megá- fono va diciendo nombres, nombres de desaparecidos: la columna va gritando, su- cesivamente, “¡presente!” “¡presente!” . Hora 19.20: La plaza em- pieza a compactarse. “Atención, atención / la pa- tria financiera y asesinos / a la prisión”. Y la voz ampli- ficada que dice: “Sánchez, Ricardo”. Y la multitud que contesta: “¡Presente!” “Vázquez, Néstor!” “¡Pre- sente!”, “Rico, Oscar” “¡Presente!” Se acerca la columna de la Asociación Argentina de Actores. Después la de la Comisión de Solidaridad con Nica- ragua. Enseguida la de la Democracia Cristiana. In- mediatamente una columna pequeña: “Agrupación de Homosexuales de la Argen- tina”. Hay algún silbido, alguna broma, varios “qué me contás” y, por sobre todo eso, un aplauso que empieza a crecer. . Hora 19.40: Llegan co- lumnas de Lanús, de Bera- zategui, de Quilmes. El Par- tido Comunista empieza mover una larguísima y muy ordenada formación. Bombos, tambores, una vaca enarbolada, ritmo: “Y siga, siga el baile / y siga y siga el baile / al compás del tambo- ril ! que queremos la justicia / para Luciano Benja- min...” Hora 19.50: Otras co- lumnas de Abuelas. Detrás, grupos de delantales abiertos y uniformes, ado- lescentes del Centro de Es- tudiantes del Colegio Na- cional Buenos Aires y del Hora 19.50: Otras co- lumnas de Abuelas. Detrás, grupos de delantales abiertos y uniformes, ado- - lescentes del Centro de Es- tudiantes del Colegio Na- ' cional Buenos Aires y del . Pellegrini. Todas las eda- des, Todos los oficios. Aquí y allá y más allá florecen más - grupos de discusión. Al- guien dice; “Alfonsín es buenazo, pero no va: aquí . hace falta un Khomeini”. Otro agrega: “Con un Kho- . meini no hacemos nada: ha- cen falta unos doscientos Kho- ¡ meni”. Otro dice: “Pacien- “ cia, tiempo al tiempo..., aquí en este país, ¿alguno de ustedes vio que algún mili- tar muera de algo que no sea muerte natural?” Hora 20.30: Columnas de Varela. Columnas de la Ju- ventud Peronista. Columnas de la Juventud Radical. Columnas de la Juventud Comunista. Columnas del Movimiento Ecuménico. Columnas de Partido In- transigente. Columnas de las Facultades de Ingenie- ría, de los psicólogos. Los cánticos y estribillos ya son una masa, un oleaje. La plaza ya no tiene canteros, sigue tragando multitud. TEARS JUTILLAD DETU UETLCALO: Llega la columna de los uruguayos. Aplausos. Llega la columna de los chilenos... “Yamos, vamos Chile”. Abrazos, interminables abrazos de gente que nunca antes se vio. “Déjeme darle un abrazo compadre”. Y el abrazo se mete en la carne de uno. La Plaza rebasa en la cabecera. Grupos se van y grupos ingresan. Los jóve- nes radicales bailan su es- tribillo: “AL compás, al compás del tamboril / los queremos a todos presos / presidente Alfonsín”. Es increible, pero a los costa- dos de las columnas se re- nuevan los grupos de discu- sión: “Hay que hacerjusticia de una vez”, dice un rostro. ““Sise hace la debida justicia temo que perdamos la de- mocracia”, dice otro rostro. “Exigiendo es como la de- mocracia no se pierde”, dice otro rostro, “Exigiendo a destiempo, sin que las brebas maduren, vamos a perder lo que tenemos. Y esto será una carnicería”, dice otro rostro. “Sin justicia no podemos vivir un día más”, dice otro rostro. “¿Y sí hay un golpe qué?, pregunta un rostro. La respuesta viene de un hombre de traje que lleva un sombrero de gaucho: “Si hay un golpe, lo de siempre: la gente saldrá a la calle y se amontonará, pero no frente a las casas de gobierno, no frente alas legislaturas, sino frente a los almacenes y carnicerías, portas dudas...” Hora 21.33: Las columnas del Partido Intransigente atraviesan la plaza por el centro, casi hasta el Cabildo. “Menéndez, / fascista vos sos el terrorista”. La plaza empieza a recuperar su si- lencio. Una pareja de jó- venes se sienta, pero no para descansar, sino para be- sarse. Para besarse con todo. Ah,sisupieran que son felices... Hora 21.40: Un hombre de unos sesenta años, de pelo muy blanco, está hincado, abrazando a un niño de unos once años. Llora sobre él. El niño le pasa la mano por la cabeza, y le dice: “Abuelo... abuelo... abuelo”. El viento barre la Plaza de Mayo. Repaso la jorna- da. Esta vez, como nunca antes, debajo de la euforia y de los estribillos me ha pa- recido observar, infiltrado, el gremen de la reflexión. Si el germen de la reflexión. Si coagula por debajo de la piel de la euforia, la euforia no será depresión al revés. Sí, me ha parecido ob- servar, como nunca antes, euforia infiltrada por la re- flexión. Si así realmente ha sido podremos ser un país, podremos dejar de ser lo que por ahora somos: una aglomeración de impa- ciencias desmemoriadas. En tal caso, tener fe no será una puerilidad. : El abuelo continúa hin- cado, llorando sobre el pecho de su nieto. El niño le sigue pasando la-mano por la cabeza y le dice despacio: “Abuelo... abuelo... abuelo”. El niño ha vivido demasiado para un niño. Y ahora es ahnaela de sn ahnaeala

Epígrafe

Muchos niños, sobre los hombros de sus madres, portaban fotografías de sus padres desaparecidos. Muchas abuelas mostraban las fotos de sus nietos .. desaparecidos.