El cinismo de un agente que sirvió en el grupo SWAT

Adolfo José Marcolini. jefe de mantenimiento y servicios ge- nerales del Hospital Posadas. a partir del 29 de abril de 1976, a cuyo cargo se encontraba el denominado “Grupo SWAT”, dijo que “era vox populi (en el establecimiento) que hacian ese trabajo”, refiriéndose a los secuestros. El declarante, retirado de la Armada, admitió además que e! grupa integrado por “personal civil al mando de un subcomni- sario retirado de la Policía Federal de apellido Nicastro”, ocupaba el chalet de los fondos del hospital, donde según numerosos testimonios funcionaba el centro clandestino de detención Marcolini dijo que esa banda “detenía gente y la llevaba hasta la Comisaría de El Palomar, para lo cual solicitaba una ambulancia” y que participaba en forma conjunta de "los operativos que realizaba la Fuerza Aérea en la villa”, que estaba a cargo del comodoro Aguiles Apolino. A pesar de los dichos de otras personas que trabajaban en el Posadas en aquella época, el declarante que fue rete- vado de su juramento de decir verdad- explicó que las tareas de ese personal eran “cuidar los límites entre el hospi- tal y la villa y a las 17 entraban para sacar alas visitas”. Agregó que “hasta que llegaron los militares, el hospital estaba lleno de gente extraña, había subversivos entre su personal estable”. Añadió que “fueron detenidas por el Ejér- cito 60 ó 70 personas” y recordó que Julio Quiroga y Teresa Cuello desaparecieron por aquella época. El hombre, que dijo haber trabajado en el Posadas hasta octubre de 1984, reveló que el “Grupo SWAT" fue disuelto en enero de 1977, “mientras yo tenía mis vacaciones anuales, por algún problema que tuvieron con la Aeronáutica”. Un rato antes la testigo Gladys Evarista Cuervo, enfermera a cargo del servicio de traumatología del hospital, relató que fue secuestrada en dependencias de ese centro médico, donde "me rompieron el esternón y las costillas, me prendie- ron fuego al vello del pubis y quemaban con encendedores”. La testigo dijo haber sido privada de su libertad el 25 de noviembre de 1976 y liberada el 22 de enero del año si- guiente. Señaló que la sometían a interrogatorios “absurdos” y que le preguntaban: "¿Dónde está Firmenich? ¿Vos sos la mujer de Vaca Narvaja? y ¿Con qué médico te acostás?". La testigo, quien dijo que en ese nosocomio estuvo alojada “siempre dentro de un placard”, manifestó que allí pudo ver a dos médicos en sus mismas condiciones y que se trataba de Jorge Roitman y Jackeline Romano. Con relación al primero dijo que lo vio en una “situación dantesca" pues “desvariaba y estaba en un charco de sangre y orina” y que un guardia atribuyó tal estado a que “le metieron un palo en el recto". Agregó que se enteró por referencia de Juan Concinola, a quien describió como “el más sádico de todos los torturado- res”, que “Jacobo Chester, Teresa Cuello y otros no aguanta- ron la tortura”.