TA ¿Y LOS OTROS 1.350' MONSEÑOR LAGHI

La reacción oficial ante la publicación en EL PERIODISTA de la lista elaborada por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas CONADEP) colocó a la Iglesia Católica en el centro del debate nacional sobre la guerra sucia ocurrida en .. Argentina a partir de 1976.

in hacer referencia alguna a los centenares de oficiales y subofi- ciales de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. a los médicos y periodistas señalados enla “Lista de Represores por Orden Alfabé- co” que compiló una Comisión Nacional lesignada por el Poder Ejecutivo. el jefe lel Estado “deploró y repudió” la publica- ón del nombre de Laghi. y nada dijo so- re los restantes 1.350. Como puede apreciarse en la tapa de sta edición. EL PERIODISTA se limitó a eproducir sin juicios propios ni adultera- iones, las planillas impresas por la com- utadora de la CONADEP. sobre cuya au- enticidad efectuó verificaciones que -eli- ninaron toda duda. En la misma planilla en que figura el ex jelegado del Romano Pontífice se lee el vombre del ahora general Víctor Pino. nue- /0 comandante del Cuerpo l! de Ejército zon sede en Rosario (en cuya jurisdicción somandos armados robaron de un juzga- lo toda la documentación de la CONA- JEP), y el de Antonio Plaza. ex obispo de -a Plata y ex capellán de la policia de 3uenos Aires. La presurosa reacción gubernativa in- luyó también una acusación del Ministe- o del Interior a EL PERIODISTA por “sen- sacionalismo” e “interpretaciones poco responsables”; declaraciones de ex niembros de la CONADEP e instrucciones al sistema estatal de televisión para cen- rar la cuestión en el nombre de Pío Laghi. Ninguna de esas manifestaciones afirmó 'axativamente que la lista fuera falsa. Ape- as, que “no es la misma que la entregada al presidente de la Nación”. como alegó el Ministerio del Interior. El deber del periodismo es informar, y sólo la confusión que durante años ha pri- mado aquí entre la función de la prensa y de la Secretaría de Prensa. puede explicar las airadas expresiones contra EL PERIO- DISTA por haber sido fiel a lo que es la razón de ser de un medio de comunica- iIÁn indanaadianta pleada para su confección. EL PERIODIS- TA discrepa. por ejemplo. con la inclusión en una lista única de oficiales superiores que dirigían campos de concentración (como el general Ramón Juan Alberto Camps): agentes policiales que cumplie- ron funciones en comisarías: militantes po- líticos que fueron secuestrados y que nun- ca más aparecieron (como Rosa María Pargas de Camps. esposa del montonero Alberto Camps): periodistas que trabaja- ron para el almirante Emilio Massera en el estudio y utilización de papeles captura- dos en procedimientos autisubversivos. y personalidades eclesiásticas como Pio Laghi. -Pero el informe a la Comisión Presi- dencial tiene suficienie importancia como para justificar su inserción. más allá de esas disidencias. La publicidad no es con- tradictoria con la justicia en un régimen republicano. Cuando un oficial nazi. ante el cuadro de Picasso sobre la devastación de Guernica. le preguntó irritado: “Pero ¿qué ha hecho?”. el malagueño le respon- dió: “Ustedes lo hicieron”. La pregunta que queda en ple y que se repite en medios politicos es: ¿por qué el gobierno concentró su hepática respues- ta. a un medio de comunicación que no transgredió ninguna reglatácita o explícita de una sociedad libre. en la inclusión en la lista de un miembro de la Iglesia? Una de las interpretaciones que se re- cogen en medios políticos es que el go- bierno percibe a la Iglesia Católica como un garante de la estabilidad democrática. Otra. no excluyente, que el desvío de la atención hacia la Iglesia, y dentro de ella hacia una personalidad tan defendible co- mo el monseñor Laghi. responda a una meditada decisión del equipo de asesores presidenciales en derechos humanos diri- gido por el abogado Jaime Malamud Goti. En la década pasada, Malamud Got! reci- bió el encargo del ex ministro del Interior, general Aibano Harguindeguy, de descu- brir enfoques jurídicos y políticos que per- mitieran manejar con el menor costo políti- co la cuestión de los desaparecidos. De un modo uetro, se abre así un deba- te necesario y saludable para la sociedad argentina, que sólo podrá metabolizar los años del horror si deja atrás la idea cómo- da. hipócrita y peligrosa de que todo lo ocurrido fue obra exclusiva de militares. La actitud oficial refiere ahora la cuestión a otros estamentos sociales. La Iglesia en primer lugar. Antes de que la CONADEP redactara su informe, el nombre de Pio Laghi había figurado en el testimonio prestado en 1981 ante la Comisión Argentina por los Dere- chos Humanos en Madrid, por el electro- técnico Juan Martín, Documento Nacional de Identidad 10.556.134. En estas pági- nas se reproduce el plano del campo de concentración que funcionaba en el inge- nio tucumano Nueva Baviera, dibujado por Martín, quien estuvo detenido allí en 1976. Ante la Comisión Argentina de Dere- chos Humanos (CADHU) entonces y ante la CONADEP este año, Juan Martín relató que él y otros dos secuestrados fueron conducidos por el general Antonio Domin- go Bussi, ante el Nuncio Laghi, a quien acompañaban “varios prelados, posible- mente algún obispo de la zona”. La visita del delegado vaticano mejoró la situación de los presos: Juan Martín-narra que ese fue el único día en que se le proporciona- ron avíos de afeitar, y “una campera en buen estado”, que le quitaron la venda que tenía en los ojos y las esposas que lo ma- niataban. Bussi invitó a Laghi a “que me preguntara a mí -que ya llevaba cinco me- ses secuestrado, que había sido salvaje- mente torturado y que estaba a sólo 60 metros del lugar de reclusión- si era ver- dad eso de la picana eléctrica, eso de la violación de los derechos humanos que tanto le interesa a usted”. “Laghi dio unos pasos delante suyo, como para separarse del grupo, aun cuan- do en la distancia a la que estábamos, cuanto dijéramos sería perfectamente oí- do por Bussi. Me preguntó mi nombre y si mis padres tenían conocimiento de mi de- tención. Bussi acortó entonces distancias, acompañado del coronel Antonio Arre- chea, mientras yo contestaba identificán- dome, al tiempo que le indicaba a Laghi el lapso que llevaba detenido, y que mi fami- lia desconocía dónde estaba arrestado. Por toda respuesta, monseñor Laghi me abrazó, me obsequió con un ejemplar de la Biblia, y me exhortó a tener fe y esperan- za' y de inmediato partimos ambos: él, acompañado de Bussi, Arrechea y la co- mitiva de oficiales y sacerdotes, hacia el helicóptero. Yo, con mis guardias, para reingresar al campo de concentración.” Antes, le quitaron la campera. Sobre la base de ése y de otros testimo- nios, como el del ex gendarme Antonio Cruz, los abogados del Servicio de Paz y Justicia presentaron hace dos meses una querella criminal por privación ilegítima de la libertad, apremios ¡legales y asociación ilícita contra los generales Luciano Menén- dez, Acdel Vilas, Antonio Bussi y otros 31 militares y gendarmes, responsables por la desaparición de Ramón Américo Amaya, Néstor Ubaldo Herrera y María Te- resa Sánchez. En esa querella, los aboga- dos solicitaron al juzgado federal de Tucu- mán que se citara a declarar como testigc Nadie en los organismos de Derechos Humanos aprueba la inciusión del ex Nun- cio Apostólico en el listado de “represo- res” de la CONADEP. El propio testimonio de Juan Martín es muy claro al respecto: Laghi llegó al campo de concentración pa- ra indagar sobre el respeto de los dere- chos humanos, y en todo caso puede dis- cutirse su eficiencia. Hay acuerdo también entre los militantes humanitarios, en que Laghi salvó ia vida de Juan Martín al entre- garle su Biblia. Dos de los más prestigiosos miembros de la CONADEP, su presidente Ernesto Sábato y el obispo de Neuquén. monseñor Jaime de Nevares, confirmaron que uno de los testimonios recagidos por la .comi-. sión mencionaba la visita del Nuncio al secuestrado. Sábato y De Nevares dieron fe de la preocupación personal de Laghi por los derechos humanos, y el obispo relató las gestiones del ex Nuncio para llevar gente al aeropuerto en su coche di- plomático para sacarla del país. Agregó De Nevares: “El testimoniante dice que cuando fue liberado, la familta le comunicó que no había recibido ningún tipo de información. Es muy lamentable, pero puede haberse dado sin ninguna omisión de parte del Nuncio, porque pue- den haber habido muchas circunstancias; o que le haya encomendado a alguien dar el aviso, o que no los haya encontrado a los familiares. Habría que oír al Nuncio.” Lo oyeron quienes sintonizaron Radio Mitre, de Buenos Aires, cuyo editorialista político. Bernardo Neustadt. lo interrogó telefónicamente. El ex Nuncio exhortó al denunciante a decir a cara descubierta cuándo lo vio en el campo de concentra- ción. y dijo que nunca había estado en un AAntra nlandnctina

Epígrafe

, el Nuncio Pio Laghi. el presidente de la Conterencia Episcor Argentina, Raúl Primatesta y el general Jorge Rafael Vide