Guerra del Chaco Mons. Angel J. Maglioco Ex sec. privado de Monseñor A. Caggiano Paz y tranquilidad Señor Director:

“ Señor Director: “En mayo de 1973, y con motivo de la asunción del cargo del presidente de la Nación por parte del doctor Héctor J. Cámpora, fui designado por la Dirección General del Personal Naval, ayudante . del señor jefe del Estado Mayor Con- junto de las FF. AA. chilenas, vicealmi- rante D. Patricio Carbajal Prado, inte- grante de la delegación de Chile, enca- bezada por su presidente, doctor Salva- dor Allende Gossens, a los actos de transmisión del mando presidencial. “El 25-5-73, en cumplimiento de lo es- tablecido en el programa, acompañé a la comitiva al Congreso de la Nación y, " posteriormente, al mediodía, me dirigí desde allí a la Casa de Gobierno en un vehículo con varios miembros de la de- legación chilena. Ante la situación con- fusa que se registraba en las inmedia- ciones de la Casa Rosada -con vehículos incendiados y volcados-, continuamos a pie por la avenida Leandro N. Alem, en dirección a la explanada de ingreso de la calle Rivadavia. Al pasar frente al mo- numento a Juan de Garay comenzaron a sonar disparos de armas de fuego y a caer granadas de gases lacrimógenos, con ese motivo nos parapetamos detrás de un automóvil estacionado, e inmedia- tamente una turba me atacó a punta- piés, golpes de puño, escupitajos, etcé- tera, por lo cual caí al suelo a pesar de la intervención directa y decidida -con riesgo para su persona- del almirante Carbajal Prado y de otros funcionarios chilenos, quienes para tratar de sus- traerme de los atacantes manifestaron que yo formaba parte de la delegación de dicho país, argumento que rechaza- ron con gruesos epítetos, señalando su descreimiento, a causa del distintivo de Estado Mayor que llevaba en mi uni- forme. Posteriormente, fui rescatado a viva fuerza del grupo atacante por otro grupo que se identificó coma de la Ju- ventud Peronista. Luego de un forcejeo y breve lucha, fui introducido en una ambulancia y trasladado al Hospital Ar- gerich acompañado por el almirante Carbajal Prado, que en humana actitud nunca se separó de mí. “Durante el hecho me fue arrancada la espada, que nunca fue restituida, y una agenda. Esta me fue devuelta días después en el edificio Libertad por un jo- ven que se identificó como integrante de la Juventud Peronista, rama gremial, quien me manifestó su pesar y agregó que quienes provocaron los desórdenes habían sido elementos extraños a su grupo e identificados como spatria so- cialista: . LA NACION del 26-5 describió el hecho en forma casi textual. “Un juicio en los estrados de la Justi- cia es, ciertamente, la reunión de he- chos, la suma de historias, la revisión de antecedentes que permitan al juzgador, como al investigador el esclarecimiento total y absoluto del fenómeno histórico en su conjunto, y sus verdaderas cau- sales hasta el límite preciso que pueda alcanzar la visión humana, con el objeto de administrar una verdadera justi- cia. - “La sobriedad y el orden a que está obligado el trámite jurídico, que no debe admitir el juego de las pasiones tiene, sin embargo, una limitación cuando, por principios, no permite reconstruir los hechos del pasado eh su evocación rea- lista, en razón de la falta del clima rei- nante en la época en que acaecieron los hechos. Todo el país sabe que los sucesos que precipitaron la represión fueron so- bremanera Tie atípicos y cruentos. “Hechos como los que acabo de refe- rir una vez más debieran estar en los es- trados de los Tribunales, para que los jueces puedan tener un panorama total de los acontecimientos, ya que la parcia- lidad, aun por razones de método, podría llevar intrínsecamente a la posibilidad de la injusticia, o lo que es peor; a la au- sencia de justicia. . “Estos conceptos en modo alguno jus- tifican que busquemos la teatralización de todo lo que nos ocurrió en esos años tremendos de agresión e inseguridad.” Marin EY Rahlas “Con motivo del reciente cincuentena- río de la firma del protocolo general que puso fin a la Guerra del Chaco Boreal, 12-6-35, mencionado por LA NACION en su edición del día siguiente, estimo opor- tuno recordar que, el gobierno del Para- guay, accediendo a un pedido de la Santa Sede formulado por intermedio de su ex- celencia, el entonces señor nuncio apos- tólico en la Argentina, monseñor Felipe Cortesi, acordó la liberación de cua- renta y dos prisioneros bolivianos muti- lados y enfermos crónicos”. “Los prisioneros fueron entregados el 12 de febrero de 1934 en la ciudad de Formosa, en presencia de monseñor An- tonio Caggiano, vicario general del Ejército Argentino, en representación del excelentísimo señor nuncio apostó- lico, por el señor cónsul del Paraguay, don Alfonso E. dos Santos, el teniente de Ingenieros del Ejército Argentino, Mi- guel H. Capuano, designado por el señor comandante del Destacamento de For- mosa, por orden del señor ministro de Guerra, a fin de acompañar a los prisio- neros durante su tránsito por territorio argentino. “Así consta en el documento firmado, cuya fotocopia acompaño, adjdunta a la presente. . “Escribo esto únicamente para contri- buir a completar el relato histórico de los acontecimientos.” “Reconozco que a mayo de 1985 con 900 y algo más de inflación, en un pais que no crece y con un creciente desgano en el alma, no tengo mayores exigen- cias. Sin embargo, sí deseo que la rela- tiva pobreza que vivimos tenga un mí- nimo de decoro y de tranquilidad. “El 25 de Mayo, el Sr. Romay, propie- tario de Canal 9, nos ha dado, quizá a falta de pan, un poco de circo. Para esto no tuvo mejor idea que llevar sus pro- gramas, a partir de las 11 de ese día a Figueroa Alcorta, una de las vías de tránsito más intenso de la ciudad. Amén del costo que esto implica a los automo- vilistas. “Durante varias horas se paralizó el tránsito y la Policía Federal lo desviaba dos cuadras antes haciéndolo atravesar todo Palermo Chico, hasta Salguero, donde tomaban ésta última a contra- mano o seguían por ella al rio. “El resto del día y hasta las 19, Canal 9 y la gente aglomerada ocuparon las dos terceras partes de la calzada, con el desorden correspondiente al pasar los automóviles dificultosamente por el es- pacio vacío, A todo esto, los altavoces del canal, más el megáfono de algún ve- cino que también a pleno volumen y con encomiable persistencia bramaba: Lle- Ven este circo a casa del señor Romay. “El Canal 9 -a vista y paciencia de la Municipalidad de Buenos Aires y de la Policía Federal- organiza programas televisivos sumamente ruidosos en su entrada de la calle Gelly. Ahora ame- naza con llevar su problemática a toda la ciudad. - “Creo que todos los ciudadanos, hayamos o no votado a la UCR y veamos o no el Canal 9, tenemos derecho inalie- tm. a un mínimo de paz y tranquili- ad.”