Relatan la fuga de cuatro jovenes de una carcel clandestina “fikos testimonios

La espectacular fuga de cuatro jóvenes del centro clandestino de detención de la Fuerza Aérea “Mansión Seré” o “Atila”, se convirtió en umo de los casos más: : importantes tratado ayer en el juicio sumario a los ex comandantes. Luego de la huida, según relató el escribano público Rafael Fernández, padre de una de las víctimas -actualmente residente en el exterior, el lugar fue destruido y quemado,

víctimas -actualmente residente en el ext Custro jóvenes se escaparon desnudos y espozados el 24 de marzo de 1978 del Tugar clandestino concclde como “Man- sión Seré” e “Atila”, según se desprende de los testimonios brindados en la segun- da parte de la audiencia de ayer ante la Cámara Federal, y entre los que se desta- có el testimonio de los familiares de una de las víctimas. . En efecto, el contador público Rafael Fernández relató que el 21 de octubre de 1977, a las 3, un grupo de hombres que dijeron ser de la Policía rompieron puer- tas y ventanas de su casa, ubicada en Humberto Primo 329, de Morón, y secues- tran a su Bijo Cuillermo, que entonces tenía 19 años, advirtiéndole que si hacía la denuncia le “volaban la casa con una bomba”. Su escribanía también fue allanad: los intrusos portando armas largas y JEs- tidos de civil le hicieron firmar una Jota en la que se señalaba que el procedirjien-/7. “to había sido “correcto y regular” Mqué : no había “faltado nada”. - lo El contador advirtió en las inmedidahio-- nes automóviles particulares, una carlo. neta de la Seccional 1" de Morón y otras. pertenecientes a la Fuerza Aérea, y e una de las cuales fue introducido su hijo. Refirió luego las gestiones realizadas, alguñas ante el Regimiento I de Palermo y luego ante la Base Aérea de El Palomar, donde llegó pór “consejo de vecinos” y amigos”. En realidad, según lo expresó su espo- sa Ofelia Datis, quien les informó que su hijo Guillermo estaba con vida en la Man- sión Seré fue el tipógrafo Miguel Ramelia. Este estuvo también cautivo en ese lugar. En la base, Fernández fue recibido por quien se identificó como eomadoro Lazo. Este se “interesó en el caso” y semani después admitió que su hijo estaba prisio- nero por orden de la Aeronáutica. “Usted como padre sabe mejor que yo por qué su hijo está detenido, si ha coloca- do una bomba o ayudó a construirla, no lo verá nunca más; si solo realizó pintadas o tiró panfletos, pronto aparecerá”, recordó Fernández que le dijo Lazo. El joven, en una oportunidad, se comu- nicó telefónicamente con sus padres para tranquilizarlos. Todas las gestiones poste- riores, hábeas corpus incluidos, fueron negativas. - “Hasta que después, el 24 de marzo de 1978, de acuerdo con lo que me entero luego -agregó- cuatro chicos se largan de la mansión, en medio de una tormenta, esposados y totalmente desnudos”. Consignó que esa mansión ubicada en la calle Blas Parera era un casco de es- tancia de dos plantas y fue “quemada y destruida un día después de la fuga”. Dijo que su hijo no regresó a su casa sino que logró salir al exterior. Contó que en esa ocasión, los cuatro escapados in- tentaron poner en marcha un auto y no lo lograron; luego se refugiaron en una obra en construcción y finalmente su hijo, que “ge sacó las esposas sin dificultad de lo flaco que estaba”, fue a una casa donde pidió ayuda, argumentando que lo habían asaltado, Le dieron entonces ropa y dine- ro que le sirvió para hablar con amigos y refugiarse en la casa de ellos. Los compañeros de fuga de Guiliermo Fernández fueron Claudio Tamburrin! (estudiante de filosofía y arquero de la primera división de Almagro), “un chico García”, y un vecino de Ituzaingó, que “aparentemente fue recapturado tiempo después”. - - 'Tamburrini y Fernández le contaron luego aparon Tor na ventana, anudando : uando sede pregunto si arhijo hab sid urado, contestó: “no hal a rte del cuerpo donde poner la pea x 1a madre de Fernández, consignó que ? mantuvo entrevistas, también en la Base Aérea de El Palomer, con Juan Carlos Destefano, en tanto que el hermano, Gus- -tavo señaló que durante una visita a ese lugar reconoció a dos de las personas que habían participado del operativo de se Nguestro de su familiar, ”. e Mea Oca Enri e - nado en esta crónica; cel 10 de noviembre de 1977 de su casa ubicada en Coronel Arena 735, de Morón, junto con uno de sus hijos, por “sujetos de civil mal vestidos, barbudos y com la ropa su- cia". - . Ramella, en la imprenta que tenía en su vivienda, confeccionaba los panfletos conmemorativos del 17 de octubre encar- gados por el ex concejal Jorge Cardozo. Manifestó haber estado prisionero en la “Mansión Seré”, donde vio encadena- dos “a varios clticos, Fernández, hijo de un escribano de Morón, a otro que le decí- an El Vasco y a un tercero que apodaba el gallego García. . Agregó que en ese lugar se escuchaban tiros y “gritos de torturas” y consignó que mantuvo entrevistas, en la comisaría de Haedo, donde fue levado luego, con quien se identificó como capitán Reberte, Su hijo Luis Kamelia fue liberado a la semana y él el 27 de diciembre de 1977. En la seccional de Haedo, Kamelia vio detenidos a un tal Cómez, “a un chico - Romano, hijo de la jefa de obstetricia del Hospital Italiano y a un abogado del sin- dicato de aviadores de nombre Ivo”. Juan José López, yerno de Ramella, en eu testimonio, dio detalles de una gestión que hizo en la Base Aérea de El Palomar junto con Luis Ramella (luego de que éste fuera liberado) donde hablaron con “el oficial Santuccione”. Allí reconoció a uno de los secuestradores de su suegro y le comunicaron que lo iban a trasladar a la seccional de Haedo. .